Resumen: Un tigre de papel, el trabajo más
reciente del cineasta colombiano Luis Ospina, es un ensayo en forma de
falso documental que reflexiona sobre la historia
nacional de los últimos cuarenta años, en parte como eco de un
panorama político mundial reflejado en la vida y desventuras de un tal
Pedro Manrique Figueroa, símbolo de una generación de
artistas que terminaron en la exclusión y el desencanto después de
media vida militando por la izquierda.
Después de darle la vuelta a todas las herramientas del documental,
después de una treintena de trabajos explorando las posibilidades de sus
códigos y después de tres décadas capturando con
originalidad grandiosa fracciones de presente e impresiones de
pasado, la carrera de Luis Ospina parecería haber tocado cima con Un tigre de papel:
síntesis de osadías formales y
metodológicas a la vez que punto hasta el momento óptimo en términos
de transmisión de la memoria generacional, socio-cultural y política de
su país. Que la obra de este autor haya desembocado en
el ensayo y en el documental falso ratifica nuevamente que, como a
los mejores artífices del lenguaje y de la historia audiovisual, las
demarcaciones de los géneros le han resultado cada vez más
estrechas frente a sus descubrimientos expresivos de lenguaje y
frente a su necesidad de reflexiones cada vez más agudas y complejas.
Depurando también su ya conocida tendencia al collage, esta
última obra de Ospina compone con una nutrida cantidad de materiales
disímiles un tipo de ensayo donde el sentido real de
ciertas vivencias histórico-generacionales se manifiestan a través
de amigos-personajes para quienes se ha escrito parte de un guión
hábilmente trenzado a lo largo de cinco capítulos en la
trayectoria política colombiana -desde1934 hasta 1981-, años
coincidentes con la novelesca vida de un tal Pedro Manrique Figueroa,
pionero del collage en el país, de cuyas anécdotas y
destino político y plástico todos los entrevistados hablan, pero de
quien no se conserva una sola foto que pueda darse por legítima. En la
Historia –con mayúscula- se trata de un recorrido
evocado desde el afianzamiento internacional del
socialismo/comunismo hasta su fracaso en la conversión a los
totalitarismos terminantes. En la historia -con minúscula- se trata
paralelamente, y
como consecuencia de lo anterior, del proceso de millones de
individuos, en el mundo y en Colombia, que experimentaron desde la fe y
la entrega incondicional hasta el desencanto más doloroso.
Pero, aún con bastante implicación autobiográfica, el autor se
decanta por el absurdo antes que por la nostalgia.
Al tiempo de plantear la muerte de las utopías de una generación que
hace cuatro décadas tenía sentimientos y razones para creer que podía
cambiar el mundo, desde todas sus dimensiones Un
tigre de papel es el cuestionamiento entre lo verdadero y
lo falso: en la historia, la política, el arte y la representación,
incluido él mismo con su forma de “documental” donde los
testimonios están previamente escritos pero su contenido se refiere a
hechos que realmente sucedieron aunque otras veces se dediquen a
describir con minuciosidad científica anécdotas que nunca
tuvieron lugar sobre un personaje que jamás existió.
La Historia y en el absurdo
Aunque en una apreciación inicial pueda parecer que Un tigre de papel
tiene como hilo conductor la vida de Pedro Manrique Figueroa, nacido en
1934 y “desaparecido” en 1981, realmente su
estructura se organiza partiendo de cuatro décadas de historia
política expuesta en cinco etapas, correspondientes cada una a un “color
de años”, exceptuando la primera. Acto seguido, el
personaje es un pretexto para recorrer distintos contextos
geopolíticos y, simultáneamente, insertar un cúmulo de anécdotas
representativas de la vivencia de una generación que, después de la
desilusión, en muchos casos no tuvo otro destino que volcarse hacia
un misticismo que finalmente no tuvo cabida en ningún sitio.
La consistencia de este trabajo deriva de un rastreo riguroso, tanto
de archivos históricos como de información sobre el origen y las
fuentes de la Historia misma, tema que remite de nuevo al
interrogante sobre la verdad y la mentira respecto a la Historia
oficial, de la que tanto se dice que es de quien la escribe. Para
Ospina, entonces, también es de quien la filma (y la
edita como le parece, habría que añadir). Por eso resulta
esencial el testimonio del historiador Arturo Alape, según el cual “la
historia se genera a través de un rumor”. Del mismo modo,
también Pedro Manrique Figueroa es un rumor, a través de cuyo
recuerdo se formulan los acontecimientos más como fueron vividos,
sentidos o padecidos, no pocas veces por los mismos entrevistados
que anecdóticamente son el mismo Pedro Manrique Figueroa.
El orden cardinal arranca de tres episodios ocurridos durante el año
1934, decisivos especialmente para la historia del
socialismo/comunismo: Alejandro I de Yugoslavia es asesinado (aunque por
terroristas croatas), Mao-Tse-Tung emprende la Gran Marcha
que liberará definitivamente a China del antiguo orden y el Partido
Comunista Ruso impone a los escritores de forma definitiva
el método realista-socialista emanado de los principios de
“fidelidad y representación artística” del leninismo- stalinismo. El
contexto macro del acontecer mundial será a su vez una sombra
constante en la historia oficial colombiana y, por extensión, en la
azarosa vida –militante, artística y afectiva- de Pedro Manrique
Figueroa, nacido justamente el 28 de diciembre de1934 y
presente en los acontecimientos más significativos del devenir
nacional –y a veces del internacional- durante las décadas siguientes.
Una de las intenciones de Ospina era seguir el esquema que algunos
libros emplean cuando, al exponer la evolución de un artista, en una
columna reseñan cronológicamente su vida mientras que en
otra resumen los hechos históricos destacables correspondientes a
esa misma cronología. El guión de Un tigre de papel, además de
estas “dos columnas”, desarrolla una buena cantidad de
paréntesis episódicos complementarios, que actúan como reveladores
de la cultura colombiana –y latinoamericana, siguiendo los comentarios
que a propósito de este trabajo ha hecho Patricio Guzmán-
que ya no son tan relativos a la Historia sino más a una forma
particular de experimentarla. Y es en esta dimensión donde interviene
con acierto lúcido ese absurdo refinado tan propio del autor.
Porque Un tigre de papel, como él mismo afirma, también es una comedia: “una comedia documental”(2).
Del amor a la memoria
Los “Años Cero” van desde 1934 hasta 1952 y toman como punto de
partida el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, ocurrido en 1948 y parte
detonante de una crisis política sustancial en Colombia.
Pedro Manrique Figueroa había sido testigo de los hechos, según lo
atestigua Arturo Alape, uno de los historiadores más acreditados del
panorama nacional. Los “Años Rojas” van desde 1952 hasta
1957 y se centran en el duro enfrentamiento entre conservadores y
liberales, extensiones respectivas de la derecha (nazismo) y de la
izquierda (socialismo/comunismo).
Podría afirmarse que los “Años Rojos”, situados entre 1957 y 1968,
constituyen el primer nudo de la estructura, pues se trata del capítulo
más nutrido en materia ideológica, cultural, plástica y
geopolítica (y coincidirían, además, con la etapa treintañera del
protagonista y de varios entrevistados). La parte inicial expone un
perfil más privado de Manrique junto con su papel de artista
plástico comprometido con la crítica social y, de paso, implicado
con el movimiento nadaísta que encabezó el poeta Gonzalo
Arango, a quien se documenta con archivos de televisión, al
igual que a varios personajes representativos de la vida artística y
socio-cultural de aquellas décadas. Una segunda parte se dedica a la
fiebre revolucionaria, amplificada por la influencia de
Cuba, de cuya propaganda también se extrae material de archivo, sólo
que, en este caso, seleccionada e insertada con tal sentido, que la
realidad histórica termina siendo por sí misma cómica.
Para finalizar estos años, Un tigre de papel viaja desde
Benarés hasta Nueva York, pasando por Rusia, Rumania, Londres, Francia y
Pekín, lugar éste último que se aprovecha para
introducir los primeros desencuentros de Manrique con la ideología
roja: sus collage son prohibidos en la China maoísta por
considerarse profanos. La crisis empeorará entre 1968 y 1974,
durante unos “Años Rosa” –inspirados en Rosa Luxemburgo- que
paralelamente relatan la relación de Pedro Manrique Figueroa con las
mujeres y el enfrentamiento definitivo de su obra plástica
con la imposición del realismo socialista, convirtiéndose en
paradigma de lo ocurrido a miles de creadores que, por efecto de la
falta de criterios claros y sensatos para la existencia y el papel
del arte, vieron su trabajo prohibido o abortado, antes o después de
haber sido expulsados del Partido Comunista. Tal episodio será el
principio de los “Años Negros”, transcurridos entre 1974 y
1981, periodo en el que la desilusión arrojó a tantos exmilitantes
de izquierda al misticismo y al hippismo.
El último collage del que se tendrá noticia se titulará Al diablo con Mao
y datará de 1976. La leyenda sobre el protagonista se cierra con el
rumor de una posible donación de sí
mismo al Museo Nacional de Colombia, sin que sus autoridades hayan
entendido cómo pudo ocurrir que se hubiera convertido en una momia
hallada sin identificar un día de tantos entre el resto de
piezas del lugar. Acto seguido, el ensayo se cierra con un subrayado
muy propio de varios trabajos del cineasta, y es el papel de la memoria
en primer plano y como el contenido más sagrado que
nos queda en el presente: Pedro Manrique Figueroa sólo existe en los
fragmentos de recuerdos que han ayudado a construir este collage llamado Un tigre de papel.
Una composición
tan rica particularmente en lo referido a registros del pasado, que
el autor no puede más que dar el verdadero crédito a los tantos técnicos
anónimos que nos han legado sus imágenes: trocitos
minúsculos de Historia que en manos de Luis Ospina se optimizan para
expresarla por encima de la reconstrucción plana, pero sobre todo para
expresar cómo esa Historia se manifiesta a través de
nuestras vidas.
Bibliografía
(1) Luis Ospina en “Nota del Director” que acompaña la difusión para prensa de Un tigre de papel.
(2).Luis Ospina en entrevista con
Santiago Andrés Gómez y Carlos Eduardo Henao para la revista
Kinetoscopio No 80. Medellín, septiembre de 2007.
http://www.luisospina.com/sobre-su-obra/rese%C3%B1as/un-tigre-de-papel-especialmente-verdadero-necesariamente-falso-por-isleni-cruz-carvajal/
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